Deseo presentar una selección de mis obras pertenecientes
al ciclo de Las ciudades invisibles, inspirado en el libro homónimo
del italiano Italo Calvino. Este "proyecto pictórico"
empezó en 1995 cuando, casi por casualidad, descubrí la
novela. Se trató de un autentico "flechazo", que me empujó
a la empresa de intentar re-narrar aquellas ciudades imaginadas por Calvino
con lápiz y pinceles.
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En mi primer trabajo -Armilla (1995), la ciudad de tubos- intenté una
ilustración que fuera lo más fiel a la descripción
física que se hacia en el cuento. El estilo de este trabajo (y
de otros..) se queda algo suspendido entre la gráfica y la pintura.
De hecho, se trata de un dibujo realizado con tinta china y posteriormente
pintado con acuarelas, donde el color solo llena una realidad que veía
por aquel entonces dominada por líneas. Armilla es, de toda la
colección, el trabajo más ingenuo y creo, el único
fiel a mi propósito inicial. En las ciudades que pinté después
he pasado progresivamente de un intento de restitución icnográfica
de la obra narrativa, a un esfuerzo de "continuación"
de lo narrado, como añadiendo puntos a un fatídico, Era
una vez. Por este motivo, a la hora de elegir la ciudad a ilustrar, he
empezado a privilegiar aquellos cuentos en los que prevaliera la descripción
de atmósferas mas que de espacios físicos; así me
pude permitir mayor libertad de invención. |
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Con Valdrada (1997)-la ciudad doble- he querido experimentar una "visión
subacuatica", de la cual ha surgido luego una transformación
de lo que en el cuento era una imagen reflejada, en una autentica continuación
sumergida de las arquitecturas de la ciudad. Igualmente, ha venido modificándose
el significado; lo que en el cuento era la contraposición entre
la ciudad y su imagen, se ha convertido en la pintura en una contraposición
entre cultura y naturaleza. Por lo menos...así lo interpreté. |
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Raissa (1998): el amor, la nostalgia, la desesperación, las habitaciones
vacías, los dedos cruzados, las interminables horas a la espera
de algo que no llegará, las cuentas pendientes con los fantasmas
del pasado...el deseo de volar a otro lugar. La perspectiva atrevida del
caballo rojo volando alto sobre los obstáculos, como sobre las
miserias del hormiguero humano. La magia de la felicidad súbita,
la fragilidad de la esperanza, siempre quebrada, pisoteada, y sin embargo
incurable. Esta pintura esta dedicada a todas las ciudades amargas, y
entre estas a una muy especial: Londres. |
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En Octavia (1999) -la ciudad colgante- el estimulo principal fue el deseo de
enfrentarme al reto de la creación de una perspectiva compleja,
densa de elementos. Luego, se me antojó complicar la narración,
y me puse a imaginar -dentro de la historia de Calvino- otras tantas micro-historias,
hasta el punto de convertir la obra en una especie de pintura / diario
de un año que pasé, como las casitas del cuento, en suspenso... |
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Zobeide (2001) inaugura un experimento de drástica reducción de
la gama cromática, en este caso dirigido a evocar la atmósfera
crepuscular que el cuento me sugería. Solo puedo añadir
que la ilustración de esta historia de ilusiones defraudadas -como
si fuera un presagio- se terminó justo cuando uno de mis viejos
sueños estaba a punto de sufrir el mismo destino....como de extraña
es la vida a veces! |
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Con Bauci (2001) intenté un cambio de formato, proponiendo por primera
vez un díptico, dentro del cual se pudiera articular una perspectiva
"distorsionada" de esa magnifica visión de la cuidad
en los árboles imaginada por Calvino. Esta pintura me produce una
ternura muy especial, por ser de alguna manera una materialización
de aquellas fantasías que, cuando era niño, me animaban
-junto a mis amiguetes- a construir extravagantes arquitecturas en los
árboles del campo. Ahora que miro este paisaje con los ojos del
adulto, también reconozco el reflejo de ese anhelo de levedad y
armonía con la naturaleza que, al alejarse de la infancia, acaba
uno echando mucho de menos. |
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De todas las ciudades pintadas hasta la fecha, Zora (2002) es la que mayormente
cumple esa intención de "continuación del cuento"
que he venido madurando poco a poco. La narración de Calvino dice
muy poco del aspecto de la ciudad, por preferir hablar de las sensaciones,
o mejor, del algoritmo que la define. Cuanto aparece en mi pintura -principalmente
el elemento de la escalera de agua- procede de un sueño que tuve
y que inevitablemente relacioné con el cuento, de esta forma convertido
en musa. Es entonces un trabajo descaradamente autobiográfico,
cuyo hilo conductor quiere ser el viajar; con el cuerpo por el finido
y ordenado espacio, y con la mente por el infinito y caótico tiempo
de la memoria, sembrado de las trampas de la nostalgia. |
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En Zemrude (2004), el cuento de Calvino ya ha sido
solo una excusa para que yo diera lugar a una narración casi antitética
a la supuesta fuente literaria... si en el cuento de Calvino la mirada
acaba clavándose en el subsuelo, en la pintura que me salió
la mirada se ve invitada a levantarse y quizás a volar. Zemrude ha
sido para mí también una forma de catarsis de las angustias
de una tragedia -la del 11 de marzo- que hirió profundamente mi
"ciudad adoptiva", Madrid. A ella está dedicado este
trabajo; a todos el mensaje que justamente arrastra la avioneta roja:
"Viva la vita!". |
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Togetherness (2006) ya no es una ciudad que se encuentre en el libro de Calvino, aunque de este ultimo se propone mantener el espíritu. Entonces, Togethrness es a la vez aquella ciudad a la que vamos juntos, y la ciudad que estando juntos podemos tal vez construir. Su paisaje trae en parte inspiración de Asturias, tierra (maravillosa) que conocí por primera vez hace un año (2005), gracias a un viaje-aventura que hice junto a algunos de mis mejores amigos. A ellos especialmente está dedicada esta pintura, como también a otros amigos “históricos” y más ocasionales que me han acompañado a lo largo de estos años. Ojala volvamos todos pronto a Asturias, y a Togetherness también… |